Notas a partir de un encuentro

CAPITAL SIMBÓLICO 6A finales de octubre se organizó en Cuenca un encuentro internacional de artistas. En una de las mesas coincidimos, como participantes, María Ruido, Rogelio López Cuenca y yo misma. Estas son algunas notas extraídas del debate.

Planteábamos la brecha que separa los discursos críticos que se formulan dentro del campo del arte, incluida la universidad, de las condiciones materiales y políticas en las que se producen. Una brecha a la que no escapaba el propio encuentro. Se apuntaba en este sentido la pertinencia de tener en cuenta el tipo de financiación que las sostiene y las relaciones sociales que articulan, además de la obligación ética y política de evitar que reproduzcan situaciones de precariedad y desigualdad.

También se habló de la confusión que genera hablar en términos de “dentro” o “fuera” de la institución. Pensar en un interior cerrado, casi carcelario, en contraposición a un exterior puro no sirve para entender lo que sucede a nuestro alrededor ni las dinámicas en las que estamos inmersas. Nos parecía más adecuado partir de un punto de vista según el cual los espacios del arte, tanto los centrales como los periféricos, se piensen como lugares que están atravesados por lógicas y prácticas conflictivas.

Se problematizó la idea, surgida en otras mesas, de asumirnos en un horizonte de precariedad. Entendíamos que la precariedad, como producto de las políticas de austericidio, no es algo que afecte solamente al campo del arte y la cultura sino que, como resulta evidente si miramos a nuestro alrededor, afecta al conjunto de la vida misma. En este sentido, nos parecía conveniente defender los derechos sociales, que son la base del sostenimiento de la vida; lo que implica pensar nuestra práctica, no aisladamente, sino en relación con el conjunto de prácticas sociales y actuar en consecuencia.

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  1. Así es, así son las cosas… Asumir como inevitable e incluso deseable (hay discursos que se deslizan en esa dirección), o resignarse simplemente, a la precariedad en la actividad artística, como supuesto motor de creatividad, es un suicidio. Igual que separar esa misma actividad de la realidad material e histórica esencialmente conflictiva que la produce y en la que se da, esta vez, sí inevitablemente.

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